










carnaval, se fue entre carioca y talco, bañado con la tristeza del desasosiego y la chuma reprimida, así los pastusos solitarios amos nuestro carnaval, es no solo la ocasión de reunirse, sino un pretexto para imprimir otra marcha en el tiempo, celebrar estos festejos anuales nos subrayan a nuestro atavismo de ser esencialmente un pueblo ritual, por eso basta mirar la comparsas festivas, las murgas y las majestuosas carrozas que despierta nuestra imaginación, tanto como nuestro amor a la tierra y el alborozo de la sensibilidad, ahora mas aler
ta y a flor de piel, el arte de la fiesta se impregna en la “pintica”, que como lenguaje ritual se conserva intacto entre nosotros los nariñenses, el colorido violento del carnaval, la triste música andina, la danza resucitada hace poco en los coreográficos, son ceremonias, fuegos fatuos, mascaras insólitas, trajes fantásticos, luces y sombras, la inagotable variedad de imágenes que como cascada enduendada nos seduce y sacude nos atrae y seduce y sabemos entonces que estamos viviendo nuevamente el ritual anual que llama
mos carnaval.
mos en un mutismo que dura casi un año, hasta que se repite el 3 de enero, congelamos el paso del tiempo, este hace un alto y ese mañana anticipado y falaz, se pierde en la ofrenda de el presente perfecto de danza, juerga, juego, comunión y música. El tiempo deja de fluir, volvemos a ser lo que fuimos y hemos sido desde mucho mas antes de ser, es decir el pasado y futuro se funden en este hoy como un solo. Pero no solamente pasa esto en Pasto sino en toda las zonas del Departamento, en donde grandes aglomeraciones se juntan en un solo grito de júbilo, de esperanza y de sentirse únicos con “viva Pasto, carajo” que sale desde lo más intimo, y ese
jubilo nos hace congregarnos en plazas, estadios como una comunidad viva, donde el individu
o se disuelve y se rescata simultáneamente, este es el carnaval que nos empareja, es nuestro lujo, nuestra ceremonia que nos abre al otro.
njurias, las riñas, que son parte del carnaval, son el ingrediente para saltar el muro, el frenesí nos invade, por esos días nos olvidamos de la apariencia de nuestro verdadero rostro, nadie lo sabe, el frenesí nos embriaga con el ruido, con la infusión de colores que cruzan como relámpagos, y enlutan el silencio, es el otro lado del silencio donde está el delirio brillante y multicolor, el bullicio de la murga, el escandaloso disfraz de la comparsa, el destello milagroso de la carroza, por eso se toma como ritual.
impregnada, el trabajo dado sin reparos, va a trae como replica mas vida y más trabajo, la regeneración genésica que nos fortalece. Estos carnavales son a mi modo de mirar un ritual que provoca el renacimiento, del tiempo nuevo que comienza, donde reina la inversión de todo, a nuestro modo de decir “pauchado”, po
nerlo en su lugar, con este acto se trata de potencializar la vida, la salud, el bienestar, es una de las formas que aglutina el don y la ofrenda.
contradice a la de todos los días, no olvidemos que se transita por otros tiempos que rayan con lo mítico, el espacio mismo ha cambiado ya no es el cotidiano, su aspecto se ha encantado, cambia de aspecto se engal
ana, poseído como sitio de fiesta, con personajes diferentes, negros o blancos, abandonan su rango social para ser uno, únicos si distingos de ninguna clase, edad, posición económica, etc. nos transformamos en entidades vivas, cambiantes, efímeras, dignos seres de los sueños, embriagados por una gravedad, una ligereza distintas con significaciones diversas, entes singulares que habitan espacios sin razón.VISITANOS |
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